Por
motivos del levantamiento, Vicente Guerrero asumió la presidencia
en 1829.
De familia regularmente acomodada, Guerrero se convirtió
en héroe legendario al continuar la guerra en las tierras
sureñas.
Muchas veces trataron de convencerlo de que abandonara la lucha,
pero no hizo caso. Por el contrario fortificó el cerro de
Barrabás y ahí permaneció insurrecto hasta
que se vio con Agustín de Iturbide y firmó el tratado
de Iguala en el que se declaraba la Independencia de México.
Participó luego con él en su gobierno, pero no estuvo
de acuerdo con su nombramiento como Emperador.
Cuando fue nombrado Presidente de la República proyectó
la colonización de Texas y Coatzacoalcos, pero una amenaza
de reconquista española desembarcó en Tampico al mando
del brigadier Isidro Barradas.
Fue muy fácil para los generales Mier y Terán y Santa
Anna derrotar a Barradas, así que fueron premiados con el
grado de general de división. Aprovechando que tenía
al mando algunas tropas en Jalapa para impedir cualquier ataque
de invasión, el vicepresidente Anastasio Bustamante se levantó
en armas contra Guerrero, quien finalmente huyó a sus tierras
del sur que hoy llevan su nombre.
Se levantó una fuerte persecución contra Guerrero,
pero fue inútil su búsqueda. Sólo hasta que
Francisco Picaluga, marinero genovés aceptó 50,000
pesos por su captura y aprovechando su amistad con Guerrero lo capturó
en su barco, fue posible sentenciarlo a muerte y fusilarlo en Cuilapa
en 14 de enero de 1832.
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