Desde
1850, cuando inició su carrera política, Lerdo estuvo
siempre del bando liberal.
Al morir Juárez, siendo él presidente de la Suprema
Corte de Justicia, correspondía a éste la presidencia
de la República.
Se le define a Lerdo como una persona de mucha inteligencia y amplia
cultura, pero extremadamente ambicioso y quizá por ello,
no muy leal.
En su periodo de gobierno, iniciado en 1872, Lerdo de Tejada inauguró
el ferrocarril mexicano de México a Veracruz; capturó
y mandó fusilar a Manuel Lozada, cacique de Tepic que se
había levantado en armas contra Guadalajara y elevó
a categoría de leyes constitucionales las Leyes de Reforma.
Las medidas tan drásticas de Lerdo de Tejada con relación
a la Iglesia originaron pequeños levantamientos en Jalisco,
Michoacán, y el estado de México. Pero éstos
fueron fácilmente sofocados.
Lerdo estableció un breve periodo de paz que fue interrumpido
por la planeación de la reelección de Lerdo.
Antes de las elecciones Fidencio Hernández se levantó
en armas en Tuxtepec, el cual nombraba a Porfirio Díaz jefe
de la rebelión antireeleccionista. Aún con la inestabilidad
política del momento, Lerdo fue reelegido de manera fraudulenta,
por lo que José María Iglesias, presidente de la Suprema
Corte de Justicia se manifestó en contra de Lerdo y se auto
nombró presidente de acuerdo con la ley.
Luego de una fuerte derrota en Nuevo León, Díaz volvió
a Oaxaca donde tomó el mando de un ejército y se dirigió
a Puebla. Ahí recibió la ayuda de la caballería
de Manuel González.
Lerdo, por su parte, profundamente molesto con Iglesias, salió
de la ciudad de México con dirección a Acapulco. Ahí
embarcó hacia Nueva York, donde murió en 1889.
Porfirio Díaz haría traer más tarde sus restos
para colocarlos en la Rotonda de Hombres Ilustres en el cementerio
de Dolores.
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