Correspondió
a Santa Anna dirigir al pueblo en la batalla contra los estadounidenses
que ya habían llegado a las cercanías de la ciudad.
Como militar, su desempeño nunca fue bueno, cometió
muchos errores, comportándose de manera soberbia y cobarde.
Habiendo perdido la batalla en Jalapa, escapó y envió
un manifiesto que hablaba de la importancia de que se defendiera
la ciudad, y que si así no fuera, se vería obligado
a renunciar.
Ya nombrado presidente, prohibió la circulación de
periódicos que ofrecían información sobre el
estado de la guerra.
Instauró la pena de muerte para los desertores e hizo un
llamado a todo mexicano que pudiera servir a la guerra. Los norteamericanos
entraron por el sur, derrotaron al general Valencia y propusieron
un armisticio inaceptable, pues pedía el territorio que abarcaba
los estados de Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León, Chihuahua
y Sonora. Como su propuesta fue rechazada, los norteamericanos avanzaron
por la calzada de San Antonio Abad y atacaron el 8 de diciembre
Molino del Rey.
El 13 llegaron al Castillo de Chapultepec, donde tuvo lugar la famosa
defensa de los alumnos del Colegio Militar, y el 15 la bandera de
Estados Unidos ondeaba ya en el Palacio de los Virreyes.
Santa Anna, desconocido por todo el pueblo y señalado como
el culpable de que habían sido invadidos por el país
del norte.
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