Para
reivindicarse con el pueblo por la pérdida de Texas, Santa
Anna tuvo que sacrificar una pierna defendiendo el puerto de Veracruz
y exaltar el valor de su pérdida, asegurando su "muerte
inminente".
El pueblo le perdonó su cobardía en la batalla con
Texas, y su pierna fue sepultada primero en la Hacienda Manga del
Clavo, propiedad del mismo Santa Anna, y luego fue trasladada a
un monumento en el cementerio de Santa Paula en México.
En este periodo del 8 de marzo al 10 de agosto de 1839, Santa Anna,
como presidente interino, aprobó los convenios con Francia,
en los que México se comprometía a pagar los 600,000
pesos demandados.
Los franceses finalmente desalojaron Ulúa, no sin llevarse
más de 60 cañones. Como el desorden continuaba, Santa
Anna ordenó la clausura de algunos diarios y marchó
a Puebla donde se había derrotado al ejército federalista
y ordenó el fusilamiento del general Mejía. Regresó
a la ciudad donde fue condecorado por el Congreso, pero como la
amputación de su pierna aún no sanaba, Santa Anna
le entregó el poder interino a Nocolás Bravo.
Regresa
|