Al
ser elegido presidente de la República, Santa Anna fue muy
astuto: dejó a Gómez Farías el cargo para ver
cómo reaccionarían el pueblo luego de las reformas.
Cuando éste le entregó el cargo, Santa Anna se transformó
en un conservador centralista, por lo que disolvió las Cámaras
de la Unión, y los congresos de los estados. Esto causó
un gran descontento principalmente en el estado de Zacatecas, donde
se proveyó un ejército cívico al mando de Francisco
García Salinas.
Dejando provisionalmente en la presidencia a Miguel Barragán,
Santa Anna partió a combatir a los zacatecanos. Derrotados,
los zacatecanos fueron despojados de sus armas, de 1, 700, 000 pesos
en moneda acuñada y además se les arrebató
un porcentaje de su espacio para formar una nueva entidad: Aguascalientes.
Santa Anna formuló un profundo cambio de gobierno: la constitución
centralista fue promulgada en octubre de 1835.
Suprimió las legislaturas de los estados, que quedaron convertidos
en departamentos. Este cambió originó un levantamiento
en Texas que se declaró independiente de México.
Santa Anna, con 400,000 pesos prestados se dirigió al norte
para calmar la situación personalmente, dejando a Miguel
Barragán como presidente interino. Atacó ferozmente
las poblaciones de Refugio, El álamo, González y Victoria.
Destruyó poblaciones, mandó fusilar a cientos de prisioneros,
quemó sembradíos de trigo, mató ganado... Los
texanos, que recibían del norte armas y municiones actuaron
finalmente el 21 de abril de 1835.
Encontraron al ejército y al mismo Santa Anna descansando
en San Jacinto. Hicieron preso a Santa Anna, que viendo su vida
en peligro, firmó un tratado que lo comprometía a
respetar la soberanía de Texas y ordenó que todas
las tropas salieran del territorio ya independiente.
El presidente de la nueva República: Samuel Houston lo envió
a Washington, donde luego de sufrir muchas humillaciones, se le
otorgó una cuadrilla que escoltó su regreso a México.
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