Insurgente
desde 1811, Anaya se hizo amigo de Santa Anna y participó
en el decreto de confiscación de bienes de manos muertas.
Fue nombrado presidente interino y desde su nombramiento el 2 de
abril de 1847, se esforzó por reunir dinero para los gastos
de guerra.
Fue el quien declaró a la ciudad en estado de sitio cuando
se supo de la derrota de la batalla en Cerro Gordo.
El 20 de mayo del mismo año regresó el poder a Santa
Anna, pero siguió participando activamente en la defensa
contra Estados Unidos.
Durante la defensa del Convento de Churubusco, sufrió una
terrible quemadura, sin embargo, continuó defendiendo el
sitio durante más de tres horas, para asombro de los mismos
invasores.
Su frase, que define la situación precaria en la que estaba
luchando, habla también de su valor: "Si hubiera parque,
usted no estaría aquí".
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