Así
como Leonardo Bravo, su padre, se unió al ejército
de Morelos, también Nicolás, desde muy joven participó
activamente en el movimiento independentista.
En el rompimiento del sitio de Cuautla, Nicolás Bravo fue
hecho prisionero. El virrey Venegas ofreció su perdón
si los demás Bravo se rendían, pero no cumplió
su palabra y mandó fusilar al padre de Nicolás.
A la muerte de Morelos, Bravo continuó el levantamiento hasta
que cayó prisionero en manos del virrey Apodaca, pero como
éste prohibió los fusilamientos, sólo permaneció
en la cárcel durante algún tiempo.
Cuando Iturbide abdicó, Bravo fue designado como miembro
del poder ejecutivo con Guadalupe Victoria y el general Negrete.
Durante ese periodo, Bravo se unió al partido centralista
al que pertenecían los antiguos realistas y el alto clero.
Durante el periodo de gobierno de Victoria en el que él era
vicepresidente, se levantó en armas por el plan de Montaño,
pero fue derrotado en Tulancingo. Victoria intervino para que no
fuera fusilado.
Fue nombrado presidente interino de la República del 10 al
19 de julio de 1839, día en que Bustamante regresó
para hacerse cargo del poder.
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