Al
asumir su cargo presidencial en enero de 1846, Mariano Paredes solicitó
un préstamo de dos millones y medio al clero, pero se le
fue negado.
El país se encontraba en un total desorden y el ejército
norteamericano avanzaba al sur para marcar su frontera hasta el
Río Bravo.
Por otro lado, Yucatán se había vuelto a separar de
la República porque los acuerdos firmados hacía dos
años no se habían respetado.
Muchas personas consideraban que una monarquía era lo más
saludable para la nación, y se formó un partido que
apoyaba la venida de Enrique de Borbón, hermano de la reina
de España.
En el Norte, Pedro Ampudia fue derrotado por Taylor en Matamoros,
mientras que en Guadalajara, José María Yáñez
se levantó en armas desconociendo a Paredes. Viendo por sus
intereses, Paredes salió de México a combatir contra
los sublevados y nombró a Nicolás Bravo presidente
interino. Sin embargo, apenas había salido Paredes de la
ciudad, cuando una guarnición se rebeló en favor del
regreso de Santa Anna y de una nueva constitución.
Paredes tuvo que huir al destierro, del que volvió cuando
los norteamericanos habían invadido México. Como se
declaró en contra de los tratados de paz, fue derrotado en
Guanajuato y permaneció escondido hasta que en 1849 optó
por la amnistía.
Regresa
|