En
1847, cuando los norteamericanos tomaron la ciudad de México,
Santa Anna partió para Querétaro con su gabinete.
Entre ellos iba Manuel de la Peña y Peña, a quien,
cuando Santa Anna renunció y escapó a Jamaica, se
le designó como nuevo presidente.
La situación era en realidad desesperada, pues algunos estados
proclamaban su independencia y Yucatán seguía separado.
En otras entidades surgían levantamientos y nadie quería
aportar más recursos.
Para poner fin a la guerra con Estados Unidos, se nombraron a los
licenciados don José Bernardo Couto, don Luis G. Cuevas y
don Mguel Atristáin quienes el 2 de febrero firmaron los
tratados de Guadalupe Hidalgo (Llamados así por llevarse
a cabo en una villa de ese nombre). Por medio de éstos, México
renunciaba no sólo al territorio de Texas, sino también
al de la Alta California y Nuevo México.
A cambio, México recibió quince millones de pesos.
Estos tratados en un principio fueron rechazados por el Congreso,
pero viendo la situación caótica del país,
no tuvieron otra opción más que la de aprobarlos el
13 de mayo.
En cuanto quedó resuelto el problema, De la Peña y
Peña renunció a su cargo, y nombró como su
sucesor a José Joaquín Herrera.
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