El
gobierno de Arista se caracterizó también por un constante
surgir de levantamientos.
El más fuerte y el que abanderó al resto, fue uno
que demandaba el regreso de Santa Anna y la destitución de
Arista. El sin embargo, tuvo muchos aciertos, entre ellos, el de
eliminar efectivos del ejército y la moralización
de éste, para evitar cuartelazos o golpes de estado.
Sin embargo la sublevación en favor de Santa Anna era demasiado
fuerte, y como el Congreso le negó el permiso de salir a
combatirlos, decidió renunciar.
Se embarcó luego hacia España, donde residió
un tiempo. Se dirigía a la Marsella en un vapor, cuando la
muerte lo sorprendió en Lisboa, donde fue enterrado.
En 1880, Porfirio Díaz hizo traer sus restos, declarándolo
Benemérito de la Patria y depositó sus restos en la
Rotonda de los Hombres Ilustres de la Ciudad de México.
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