En
1836 fue nombrado secretario de justicia y Negocios Eclesiásticos
en el gabinete del presidente interino Miguel Barragán. Cuando
éste enfermó, el Congreso designó a Corro como
nuevo presidente interino.
Ya en el poder, tuvo la noticia de que Santa Anna era prisionero
de los texanos. Buscó la organización de un ejército
para continuar la guerra.
Negoció y obtuvo el reconocimiento de la Santa Sede para
la independencia de México. Para intentar solucionar los
problemas del erario que estaba en situaciones críticas,
redujo el valor de la moneda de cobre a la mitad, lo que no agradó
al pueblo.
Entregó el poder a Anastasio Bustamante en 1837.
Nunca se volvió a saber nada de él.
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