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de ser designado presidente interino, Herrera se había desempeñado
en muchos cargos militares de manera honrada y eficiente, siempre
apegado a las instituciones y contrario a las dictatoriales decisiones
de Santa Anna.
Su interinato duró del 12 al 24 de septiembre de 1844.
Destituido Canalizo, fue designado para continuar al mando José
Joaquín Herrera, quien reinstauró las sesiones del
Congreso.
Puesto que no todos estaban de acuerdo con su gobierno, Herrera
mandó llamar a Valentín Gómez Farías
y a Trigueros, uno federalista y otro conservador para que se lograse
un equilibrio entre ambos bandos.
Los partidarios de Santa Anna se sublevaron el 17 de julio de 1845
y tomaron como prisionero al presidente.
En septiembre se declaró a Herrera presidente constitucional
(no interino) de la República.
Su breve periodo se enfrentó a la declaración de los
texanos sobre la extensión de su territorio, haciéndolo
llegar hasta el Río Bravo. De manera precaria logró
armar un ejército para marchar al norte. Mientras en San
Luis Potosí el general Paredes se levantó en armas.
La guarnición de la ciudad de México se unió
a él, y Herrera tuvo que retirarse a su casa el día
que Paredes entró a la ciudad en 1846.
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