Desde
su proclamación como Tecutli a la muerte de Tizoc, Ahuízotl
se caracterizó por su bravura y ferocidad.
Llevó a cabo una campaña contra los mazahuas y los
otomíes de la cual obtuvo muchos prisioneros que se sacrificaron
el día de su coronación. Y cuentan las crónicas
mexicas que durante la reinauguración del Templo Mayor que
a él correspondió, más de veinte mil prisioneros
fueron sacrificados para la consagración del edificio.
Los tributos que exigía a las ciudades conquistadas consistían
principalmente en un gran número de personas para ser sacrificadas
casi a diario en sus ceremonias.
Contra la opinión de muchos dirigentes y consejeros, Ahuízotl
mandó la construcción de un acueducto que traería
el agua desde Coyoacán. El resultado fue una inundación
desastrosa en la que él mismo resultó muerto tras
el golpe de una viga.
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