Morelos
levantó un ejército no muy numeroso pero bien organizado,
el cual fue sumando triunfos; en febrero de 1812 se apoderó
de Cuautla.
Calleja
sitió la ciudad para rendirla por hambre y sed, pero sus habitantes
la defendieron con heroísmo. Cuando Morelos resolvió
salir, lo logró con muy pocas bajas.
Después
reorganizó su ejército y tomó Orizaba, Oaxaca
y Acapulco. Morelos decidió que hacía falta el gobierno
que unificara el movimiento insurgente, y organizó un congreso
que redactó la Constitución de Apatzingán, la
cual fue el primer conjunto de leyes mexicanas.
Nunca
entró en vigor porque los insurgentes comenzaron a sufrir una
derrota tras otra. Morelos fue hecho prisionero cuando escoltaban
al Congreso camino a Tehuacán.
Fue fusilado en San Cristóbal Ecatepec, en el ahora estado
de México, el 22 de diciembre de 1815.
El
gobierno virreinal intentó tranquilizar el país pero
el descontento continuaba. Habían muerto los primeros caudillos
de la independencia, nuevos jefes insurgentes continuaron en pie de
guerra, entre otros, Nicolás Bravo, Pedro Moreno, Guadalupe
Victoria y Vicente Guerrero.