En
la ciudad de Moctezuma
Moctezuma
los aposentó en el palacio de Axayácatl, su padre; días
después, con el pretexto de que los españoles en Veracruz
habían sido atacados, Cortés lo tomó preso y
dominó la ciudad. Luego encarceló a otros nobles para
dejar sin jefes a los mexicas, Mientras tanto, a Veracruz llegó
una expedición enviada por el gobernador de Cuba contra Cortés
quien, como sabes, lo había desobedecido. Cortés salió
a hacerle frente y dejó parte de su tropa en Tenochtitlan bajo
el mando de Pedro de Alvarado.
Un
día, los mexicas nobles se engalanaron para celebrar una fiesta
en el Templo Mayor; estando desarmados, Alvarado
los atacó -por codicia, por temor o porque pensó que
así los sometería-, los mexicas sitiaron a los españoles.
Cortés regresó triunfante, días después
Moctezuma murió. No se sabe si su muerte fue consecuencia de
las heridas recibidas cuando lo llevaron a la azotea del palacio para
que calmara a su pueblo y éste lo apedreó, o si fue
asesinado por los españoles. Su hermano Cuitláhuac le
sucedió en el trono. Una noche, los españoles envolvieron
en trapos los cascos de los caballos para huir sin hacer ruido pero
fueron descubiertos; dirigidos por Cuitláhuac los mexicas los
derrotaron.
Más
tarde los españoles llamaron a este episodio la Noche Triste;
se dice que Cortés lloró la derrota al pie de un ahuehuete.
La
toma de Tenochtitlan
Cortés
se repuso en Tlaxcala. Mientras, en Tenochtitlan se desató
una terrible epidemia de viruela, enfermedad traida por los europeos
y para la cual los americanos no tenían defensas biológicas;
Cuitláhuac murió contagiado al igual que miles de personas.
Ocupó su lugar un valiente joven llamado Cuauhtémoc,
quien organizó al ejército y al pueblo y fortificó
la ciudad. Cortés puso sitio a Tenochtitlan, botó al
lago trece pequeños barcos, llamados bergantines, con cañones
y destruyó los acuaductos para cortar el suministro de agua,
la ciudad resistió derante más de dos meses.
El
hambre, la sed y las enfermedades la agotaron, casa por casa fue destruida;
el 13 de agosto de 1521, Cuauhtémoc intentó retirarse
para organizar la defensa en otra parte, pero uno de los bergantines
alcanzó su canoa y lo tomó prisionero.
La
conquista espiritual
Con
la caída de Tenochtitlan y las alianzas con diversos señoríos
indígenas, los españoles se adueñaron del centro
de lo que ahora es México; en los años siguientes fueron
extendiéndose hacia el occidente, el sureste y el norte. Los
territorios más dificiles de someter fueron los del norte,
pues las tribus seminómadas de Aridoamérica carecían
de ciudades, estaban formadas por grandes querreros y no querían
cambiar su forma de vivir.
Los
chichimecas atacaban a los españoles por sorpresa, en terreno
pedregoso donde no pudieron perseguirlos a caballo, iban desnudos
y pintarrajeados y lanzaban una lluvia de flechas; eran muy resistentes,
pronto aprendieron a montar. Para pacificarlos, los españoles
finalmente tuvieron que ofrecerles caballos, reses, ropa, y convencerlos
de que vivieran en pueblos, los cuales, en muchas ocasiones, fundaron
con indígenas de otros lugares.
Poco
a poco surgieron ciudades, conventos, minas y haciendas; algunas tribus
conservaron su independencia hasta principios del siglo XX. Los religiosos
aprendieron las lenguas de la Nueva España, según llamó
Cortés a las tierras conquistadas, en ellas predicaron, y publicaron
vocabularios, gramáticas y catecismos. Estudiaron a la gente
que querían convertir, para comprenderla mejor; fundaron colegios
para educar a los hijos de los señores, quienes al crecer gobernarían
a su gente.
Allí
los niños aprendían la doctrina cristiana, español,
latín, música y pintura; mientras tanto, habían
llegado varias órdenes religiosas: primero los franciscanos,
dominicos y agustinos. Destruyeron templos, códices e imágenes
indígenas, que consideraban obra del demonio; querían
sustituir con el cristianismo las antiguas creencias.