
Uno de
los acontecimientos más importantes durante la ocupación
francesa, además de la Batalla del cinco de mayo. Ocurrió
también en la ciudad de Puebla, el 2 de abril de 1867.
El general Porfirio Díaz tenía sitiada la ciudad, pero
su situación era desesperada, se encontraba muy escaso de parque
y un gran número de refuerzos de tropas francesas y conservadoras
venían al auxilio de la ciudad, que era uno de los bastiones
del emperador Maximiliano.
Para evitar caer entre dos fuegos, el general Díaz, brillante
estratega, decidió asaltar la ciudad, su carencia de municiones
le obligó a ceder los cartuchos de la caballería para
dárselos al escuadrón de asalto; ordenando que la caballería
se batiera con sus lanzas y sables cuando llegara el momento.
En la madrugada del 2 de abril, cerca de las tres de la mañana,
comenzó la batalla, dando inicio a uno de los momentos más
gloriosos de la República; la lucha fue tremenda, los indomables
patriotas tomaron la ciudad pero aún faltaban los fuertes de
Loreto y Guadalupe, desde los cuales, casi cinco años antes,
el general Zaragoza y sus valientes (incluido el general Porfirio
Díaz) derrotaron a los franceses.
Anta la feroz acometida, los fuertes se rindieron el día 4
de abril. Esta batalla fue determinante para el triunfo de la República.
Las heroicas tropas republicanas salvaron con su triunfo y su sangre
a la nación.
Mencionar a todos los valientes mexicanos que combatieron ese día
sería imposible, entre todos ellos sobresalieron: el comandante
Carlos Pacheco, Manuel González, Félix Díaz,
Juan Méndez, Manuel Santibañez, Ignacio Alatorre, Mier
y Terán, Acuña, Pinzón, Márquez, Cravioto,
Toro, Bonilla, Carrión y muchos más.