Juan
de Aldama
(1774-1811)
Nació
en San Miguel el Grande, Guanajuato, su hermano fue el licenciado
Ignacio Aldama.
Siguió
la carrera de las armas, y al estallar la guerra de Independencia,
era capitán del regimiento de caballería de las milicias
de la reina, en su pueblo natal, donde también vivía
el capitán Ignacio Allende.
Este lo invitó, en 1809, a participar en la conspiración
de Valladolid dirigida por García Obeso y Michelena. Asistió
a las juntas secretas, pero la conjura fue descubierta en el mes de
diciembre.
Con
su hermano Ignacio participó en las juntas secretas en la casa
del corregidor Domínguez, en Querétaro. El 10 de septiembre
de 1810 la conspiración de Querétaro fue descubierta,
y el 13 de septiembre hubo otra denuncia, en la que se implicaba los
hermanos Emeterio y Epigmenio González, así como al
corregidor Domínguez. Este se dio cuenta de las denuncias y
de que las autoridades se preparaban a actuar, ya que se ordenó
catear las casas de los hermanos González, en busca de armas.
El cateo se efectuó el 14, encontrando algunas armas y deteniendo
a Epigmenio. La esposa del corregidor, Doña Josefa Ortíz
de Domínguez, se dio prisa en avisar a Allende de lo que ocurría,
enviando un correo a San Miguel. Como el enviado de la corregidora
no encontrara a Allende, le informó lo sucedido al capitán
Juan Aldama quien se puso inmediatamente en camino hacia Dolores para
alertar a Hidalgo, a quien encontró a las dos de la mañana,
discutiendo el movimiento precisamente con Allende, pues ya estaban
enterados de los acontecimientos.
Los
tres caudillos llegaron a la conclusión de que antes de que
fueran aprehendidos, había que apresurar el movimiento, haciendo
que estallara inmediatamente.
En
la madrugada de ese día, 16 de septiembre de 1810, Hidalgo
mandó llamar al pueblo y así empezó la revolución.
Después de la toma de la Alhóndiga de Granaditas, el
gobierno virreinal puso precio de $10,000.00 a las cabezas de Hidalgo,
Allende y el capitán Aldama, que eran los jefes visibles del
movimiento, que empezaba arrollador y lleno de victorias.
Juan
Aldama fue ascendido al grado de teniente general, grado con el que
participó en las desastrosas batallas de Aculco y Puente de
Calderón, en 1811. Después de la derrota sufrida por
los insurrectos en estas batallas, contra las huestes realistas de
Calleja, se inició la retirada hacia el norte, en Acatita de
Baján fueron aprehendidos, por la traición de Elizondo.
Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez y otros jefes fueron remitidos
a la ciudad de Chihuahua, donde el tribunal militar debería juzgarlos
por rebeldía.
Juan
de Aldama fue sentenciado a morir, siendo fusilado el 26 de junio
de 1811. Su cabeza fue enviada a la Alhóndiga de Granaditas,
para que fuera exhibida, colgada junto con las de los otros jefes
insurgentes.