
Isla de Guanahaní (San Salvador)
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En
la noche del 11 de octubre de 1492, la desesperación de los marinos
españoles se transformó en esperanza.
¡Tierra! ¡Tierra!, gritaba sin cesar un hombre apostado
en la cofa del palo mayor.
Todos corrieron a cubierta a mirar hacia el horizonte y contemplaron
la silueta de una tierra baja y verde.
Por la mañana del 12 de octubre, Colón, ataviado con sus
mejores ropas y portando el estandarte real, encabezó la comitiva
que se acercó a la orilla de una playa de arenas blancas. Era
la isla de Guanahaní, bautizada inmediatamente como San Salvador
por parte de los recién llegados.
Sorprendidos, los habitantes de aquella isla, pertenecientes a la cultura
de los taínos, observaban el acercamiento del bote que transportaba
a los extraños seres que para ellos eran los españoles.
Al desembarcar, Colón y los taínos intercambiaron gestos
y objetos. Fue un primer encuentro pacífico y amistoso, tal como
consta en el diario del Almirante.
Pero lamentablemente, esta situación no se prolongaría
por mucho tiempo.
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