Los viajes
de los navegantes europeos, cambiaron el mundo; pusieron en contacto
tierras que hasta entonces estaban incomunicados.

Al tiempo que en Mesoamérica comenzaban a construirse los grandes
centros ceremoniales del Clásico, en Europa llegaba a su fin
el Imperio Romano.
Lo destruyeron tribus del norte y del este de Europa que los romanos
llamaban bárbaros, así como los mexicas llamaban chichimecas
a las tribus de Aridoamércia.
Sin embargo, los dominios de Roma alrededor del Mediterráneo
siguieron unidos en cierto sentido, porque los bárbaros se habían
hecho cristianos y el cristianismo tenía su centro en Roma, con
el Papa.
En 711 los árabes, que no eran cristianos sino musulmanes, invadieron
casi toda la península ibérica, donde ahora están
España y Portugal. Solamente en el norte se mantuvieron libres
algunos reinos cristianos, que empezaron a pelear contra los que llamaron
moros.
A esa larga lucha, que duró casi ocho siglos, se le llama la
Reconquista.
En los reinos de la península ibérica vivían, además,
muchos judíos, que convivieron ahí con cristianos y musulmanes,
y enriquecieron mutuamente sus culturas.
A través de esos árabes llegaron a Europa el papel, el
concepto del cero, muchos escritos de los filósofos griegos,
y properaron estudios como la alquimia y la astronomía.
Los árabes se adueñaron del sur del Mediterráneo,
y para los cristianos comenzó a ser difícil llegar a la
India o a China, pues para hacerlo debían atravesar tierras musulamanas.
Pero en Oriente había productos muy apreciados, y los europeos
se esforzaron por hallar nuevas rutas para controlar su comercio.