

Colón
creyó que había llegado al Asia.
Quizá nunca sospechó que había logrado el ecuentro
de dos mundos: el antiguo (Europa, Africa y Asia) y el nuevo, que se
llamaría América.
En adelante quedarían comunicadas estas dos partes de la Tierra,
que habían permanecido separadas durante milenios.
Entrarían en conctacto sociedades distintas y las influencias
mutuas cambiarían sus formas de vida.
El encuentro fue terrible para los habitantes del Nuevo Mundo. Los europeos
se apropiaron de las tierras y obligaron a los indigenas a trabajar
en minas, en la construcción y en las haciendas.
Les impusieron una religión y una forma de vida nuevas. Cuando
podían acusarlos de rebeldía o de rechazar el cristianismo,
se sentían con derecho a esclavizarlos.
Además, con ellos llegaron enfermedades como la viruela, el tifo,
la difteria y el sarampión, contra las cuales los americanos
no tenían defensas.