Relato
de Bernal Díaz del Castillo
"Y
cuando subimos a lo alto de la gran pirámide, en una placeta
que arriba se hacía, salió el gran Moctezuma de un adoratorio
y tomó por la mano a Cortés y le dijo que mirase un gran
ciudad y todas las ciudades que había dentro en el agua, y muchos
otros pueblos en tierra alrededor de la misma laguna.
Y así lo estuvieron mirando, porque aquel gran templo estaba
tan alto que todo lo señoreaban. Y de allí vimos las tres
calzadas que entran en México, que es la de Iztapalapa, por la
que ocho meses después salimos huyendo la noche de nuestros gran
desastre, cuando Cuitláhuac, nuevo señor, nos echó
de la ciudad; Tlacopan y la de Tepequilla.
Y veíamos en aquella gran laguna tanta multitud de canoas, con
provisiones y con mercancías. Y veíamos que de casa a
casa no se pasaba sino por unas puentes levadizas que tenían
hechas de madera, o en canoas. Y veíamos en aquella ciudades
pirámides y adoratorios a manera de torres y fortalezas, y todas
blanqueando que era cosa de admiración.
Y las azoteas de las casas, y en las calzadas otras torrecillas y adoratorios
que eran como fortalezas. Y veíamos el agua dulce que venía
de Chapultepec, de que se proveía la ciudad.
Y en aquellas tres calzadas los puentes que ten’an hechos de trecho
en trecho, por donde entraba y sal’a el agua de la laguna.
Y después de bien mirado y considerado lo que habíamos
visto tornamos a ver la gran plaza y la multitud que en ella había,
unos comprando y otros vendiendo, que sólo el rumbo y el zumbido
de las voces y palabras que allí había sonaban a más
de una legua.
Y entre nosostros hubo soldados que habían estado en muchas partes
del mundo, y en Constantinopla y en toda Italia y Roma, y dijeron que
plaza tan grande y tan llena de gente, no la habían visto".