En
la ciudad de Moctezuma
Los
mexicas dieron cuenta a Moctezuma de lo que estuvieron viendo: "Mucho
espanto le causó el oír cómo estalla el cañón,
cómo retumba, y cómo se desmaya uno, se aturden los oídos.
Y cuando cae el tiro, una como bola de piedra sale de sus entrañas.
Va lloviendo fuego, va destilando chispas, y el humo a lodo podrido.
Pues si va a darse contra un cerro como que lo hiende, lo resquebraja.
Y si da contra un árbol lo destroza hecho astillas.
Sus aderezos de guerra son todos de hierro. Hierro se viste, hierro
ponen como capacete a sus cabezas, hierro son sus espadas, hierro sus
arcos, hierro sus escudos, hierro sus lanzas. Por todas partes vienen
envueltos.
Solamente aparecen sus caras. Son blancas como si fueran de cal.
Tienen el cabello amarillo, aunque algunos lo tienen negro.
Su barba es también amarilla. Sus perros son enormes, de orejas
onduladas y aplastadas, de grandes lenguas colgantes.
Tienen ojos que derraman fuego y robustos. No están quietos,
andan jadeando, con la lengua colgando. Manchados de color como tigres,
con muchas manchas de colores."
Moctezuma los aposentó en el palacio de Axayácatl su padre.
Días después, con el pretexto de que los españoles
en Veracruz habían sido atacados, Cortés lo tomó
preso y dominó la ciudad.
Luego encarceló a otros nobles, para dejar sin jefes a los mexicas.