Cuando
las abejas visitan las flores, se llevan granos de polen y néctar
de ellas.
Luego, regresan a su colmena y los depositan en unas pequeñas
camaritas o cuartos llamados celdas, ahí agregan una sustancia
que sacan de su cuerpo. Toda esta mezcla se convierte en la miel
que conocemos y con la que ellas mismas se alimentan en el invierno.