El sol y la luna


Y la niña contestó que sí, que acompañaría con mucho gusto a su hermano pues tampoco deseaba estar sola.

Y así el niño y la niña se convirtieron en el sol y la luna. Alumbraron la tierra cuarenta días y cuarenta noches hasta que se secó y crecieron las plantas comestibles otra vez y los hombres pudieron comer otra cosa que no fuera sólo peces.

Pero juntos daban demasiada luz y demasiado calor a la tierra. Entonces, los dioses les pidieron al sol que sólo saliera de día; y a la luna, de noche.

Todavía hoy, cuando la luna no se ve, dicen que es poque la niña se queda dormida en el cenote.

Una vez restablecidos el sol y la luna en el cielo, el hombre creado de la sustancia del maíz pudo vivir.

Entonces el Gran Padre, Señor Iguano y la Gran Madre, Señora Iguana, ordenaron a los hombres que los adoraran, y los hombres repitieron con respeto el nombre de los dioses.

Al fin, los dioses dijeron:
- Podemos descansar. Hemos cumplido nuestras creaciones.


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©1997-2005 Gloria Elisa Blanco