
| El
sol y la luna
Y la niña contestó que sí, que acompañaría
con mucho gusto a su hermano pues tampoco deseaba estar sola.
Y así el niño y la niña se convirtieron
en el sol y la luna. Alumbraron la tierra cuarenta días
y cuarenta noches hasta que se secó y crecieron las plantas
comestibles otra vez y los hombres pudieron comer otra cosa
que no fuera sólo peces.
Pero juntos daban demasiada luz y demasiado calor a la tierra.
Entonces, los dioses les pidieron al sol que sólo saliera
de día; y a la luna, de noche.
Todavía hoy, cuando la luna no se ve, dicen que es poque
la niña se queda dormida en el cenote.
Una vez restablecidos el sol y la luna en el cielo, el hombre
creado de la sustancia del maíz pudo vivir.
Entonces el Gran Padre, Señor Iguano y la Gran Madre,
Señora Iguana, ordenaron a los hombres que los adoraran,
y los hombres repitieron con respeto el nombre de los dioses.
Al fin, los dioses dijeron:
- Podemos descansar. Hemos cumplido nuestras creaciones. |
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