| Los
dioses de la lluvia y el viento
Ya la tierra tenía luz y calor para las plantas y los
animales, pero el Gran Padre y la Gran Madre pensaron que era
necesario controlar las lluvias y los vientos para que las plantas,
alimento de los animales, se desarrollaran y no se secaran o
se pudrieran de humedad.
Y para ello, crearon al dios del viento llamado Kukulcán
quien se encargaría de que los vientos barrieran con
cuidado el camino de la lluvia.
Le dieron a Kukulcán como disfraz un traje de serpiente
emplumada. Y le regalaron poder sobre los aires, los remolinos
y los huracanes.
Después crearon a Chac, el dios de la lluvia, y le dieron
como disfraz una nariz larga, una lengua y unos colmillos de
serpiente.
Y le regalaron una hacha, símbolo del rayo, el relámpago
y el trueno con que anunciaría su paso.
Y a partir de ese momento, las ranas fueron los músicos
de Chac. Croarían para anunciar la lluvia.
Y para que Kukulkán y Chac cumplieran con su trabajo
de hacer llegar el viento y la lluvia a la tierra, los dioses
creadores les dieron cuatro ayudantes: los chaques.
Los chaques llevaban consigo unas calabazas con agua, unos sacos
con viento, un tambor y un hacha.
Cuando cumplían las órdenes de Kukulcán
y de Chac, abrían un poco las calabazas para dejar caer
la lluvia; de los sacos dejaban escapar el viento, con el tambor
producían los truenos y con las hachas los relámpagos. |
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