Los dioses de la lluvia y el viento


Ya la tierra tenía luz y calor para las plantas y los animales, pero el Gran Padre y la Gran Madre pensaron que era necesario controlar las lluvias y los vientos para que las plantas, alimento de los animales, se desarrollaran y no se secaran o se pudrieran de humedad.

Y para ello, crearon al dios del viento llamado Kukulcán quien se encargaría de que los vientos barrieran con cuidado el camino de la lluvia.

Le dieron a Kukulcán como disfraz un traje de serpiente emplumada. Y le regalaron poder sobre los aires, los remolinos y los huracanes.

Después crearon a Chac, el dios de la lluvia, y le dieron como disfraz una nariz larga, una lengua y unos colmillos de serpiente.

Y le regalaron una hacha, símbolo del rayo, el relámpago y el trueno con que anunciaría su paso.

Y a partir de ese momento, las ranas fueron los músicos de Chac. Croarían para anunciar la lluvia.

Y para que Kukulkán y Chac cumplieran con su trabajo de hacer llegar el viento y la lluvia a la tierra, los dioses creadores les dieron cuatro ayudantes: los chaques.

Los chaques llevaban consigo unas calabazas con agua, unos sacos con viento, un tambor y un hacha.

Cuando cumplían las órdenes de Kukulcán y de Chac, abrían un poco las calabazas para dejar caer la lluvia; de los sacos dejaban escapar el viento, con el tambor producían los truenos y con las hachas los relámpagos.


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©1997-2005 Gloria Elisa Blanco