Cueva Pintada
Martha Palau

En un remoto desierto, hace muchos y pocos años, vivía una pequeña tribu que no tenía nombre pues los hombres todavía no la nombraban y a los dioses se les había olvidado dónde estaba. Eran dioses algo distraídos y desmemoriados, perdían con frecuencia las llaves del cielo, traspapelaban los mapas del mundo y el Tiempo, que en aquel entonces era más joven, corría demasiado rápido y nunca lo alcanzaban.

No se les podía pedir demasiado a estos dioses, pues ellos a su vez eran jóvenes en un mundo que apenas comenzaba: además, los reclamos constantes de otras tribus mayores los mantenían ocupados a todas horas, así que se fueron alejando del desierto y a falta de no verlo lo extraviaron. Sin mapas, las lluvias ya nunca llegaron y el pobre desierto se moría de sed, no podía ni llorar pues de sus ojos sólo salían lágrimas de arena seca y se lastimaban.

Sin agua, la pequeña tribu tuvo que emigrar, se fueron caminando con todo lo que poseían hacia una sierra donde el Shamán Escuchador, que conocía el lenguaje del Viento, tenía noticias de una cañada con arroyos y abundante vegetación. Caminaron por días y días y noches y noches, las lunas se sucedieron muchas veces, crecieron, se llenaron, y encogieron. Finalmente un día llegaron al lugar señalado por el Escuchador. Ahí estaba la cañada estrecha y profunda, en la hondonada el riachuelo con aguas cristalinas sólo reflejaba el sol cuando llega el cenit. Los frondosos árboles y palmeras se mecían saludándolos y en las escarpadas laderas encontraron acogedoras cuevas que les brindaban protección.



REGRESA
AVANZA

¡ayuda tarea! | juegos | para leer | el cucurucho del tiempo | deportes
el mundo según el tlacuache | tortas de lodo | zona de pruebas | planetario
agarra tu mochila | tus derechos | los especiales | mapa

| PARA LOS PADRES |
qué es kokone | quién es el tlacuache
los reconocimientos | anúnciate aquí
créditos | copyright

©1997-2005 Gloria Elisa Blanco