Josefa
Ortiz de Domínguez
La corregidora de Querétaro
(1768-1829)
Nació
en 1768, en la ciudad de México. Desde muy pequeña perdió
a sus padres, quedando bajo el amparo de su hermana, dona María
Sotero Ortiz. Su padre era un capitán del regimiento llamado
de Los Morados, que murió en una acción de guerra.
En 1789, a los 21 años de edad, entró en la clase de porcionistas
en el Colegio de San Ignacio o de Las Vizcaínas, donde permaneció
hasta 1791 en que fue sacada del colegio por don Miguel Domínguez,
quien la conoció en una visita que hizo al establecimiento, y
se enamoró de ella. Ese mismo año se casó con el
señor Dom’nguez, marchando a Querétaro, donde él
fungía como corregidor.
Gastó la mayor parte de su fortuna en fomentar la insurrección.
En aquel tiempo no se enseñaba a escribir a las mujeres, pues
se decía que en esa forma se evitaba el que escribieran a sus
novios o pretendientes; pero sí aprendían a leer, por
lo que doña Josefa, que no sabía escribir o dibujar las
letras, se ingeniaba recortando de los periódicos las letras,
para formar con ellas palabras que pegaba en papeles, formando así
los recados que enviaba a Allende y al cura Hidalgo, jefes visibles
de la conspiración, comunicándoles los avisos que deberían
conocer con oportunidad, a través de una cohetera que servía
de correo.
Allende e Hidalgo habían señalado el primero de octubre
de 1810 para que estallara la insurrección armada contra el gobierno
virreinal; pero el 11 de septiembre fue delatada la conspiración,
por el capitán Arias y el sargento Garrido; el 14 el virrey dio
órdenes al corregidor Domínguez de que cateara la casa
de don Epigmenio González, uno de los conspiradores, en busca
de las armas que se decía estaban siendo almacenadas allí.
Apenas supo la corregidora que la conspiración había sido
descubierta, se apresuró a comunicar tal noticia a los jefes
de la insurrección.
El corregidor fue remitido al convento de la Cruz y su esposa al monasterio
de Santa Clara; aquél salió pronto de su prisión,
porque el pueblo se amotinó, pidiendo su libertad, mientras que
doña Josefa fue enviada a México, con una fuerte escolta.
Fue internada en el convento de Santa Clara, donde estuvo recluida desde
el año de 1813 hasta el de 1817, en que se le puso en libertad
bajo promesa de que nada haría en favor de la insurgencia.
Iturbide quiso hacerla dama de honor de la emperatriz, su esposa; pero
no aceptó tal honor, por no ser partidaria del imperio.
Vivió en la ciudad de México, donde Murió el 2
de marzo de 1829.
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